El chisme
y la deshonra pueden considerarse como una
elaboración maníaca ante una situación traumática que el yo del sujeto no puede
tramitar. Es una escena de tres: el chismoso que se siente omnipotente por el conocimiento
de esa murmuración y el que escucha la habladuría y la goza; pero a su vez es
una agresión contra el sujeto que es objeto del chismorreo amargo.
Es
importante tener en cuenta aquí, por un lado, el sentimiento de exclusión
–propio delos celos-, negado maníacamente, de aquel que chismea; y por otro lado, su
carácter psicopático y envidioso.
Y así comienza la persona chismosa jamás aceptara lo que dijo
mucho menos sostendrá sus palabras ante ajenos siempre se escudara dejando a la
persona afectada como mentirosa.
Todos
alguna vez hemos sido calumniados o hemos calumniado a alguien. Es la manera de
perjudicar a base de inventos o tomando actitudes, hechos
verdaderos envolviéndolos en una serie de mentiras. Las personas que viven de esto llegan a crearse tantas historias que ya no saben cual es la verdad ni que están viviendo ciertamente.
El prejuicio social evidente a discriminación que conlleva a
chismes de todas formas por falta de aceptación personal difícilmente acepta a
otros.
Emisión de juicios
un cáncer el la sociedad
Deseo tocar en esta ocasión de un cáncer que se está extendiendo
en forma alarmante en nuestra sociedad: La emisión de juicios, hablar de
los demás es una práctica común, incluso aunque se tenga muy poca base y no
tengamos argumentos, emitimos juicios en contra de las personas sólo por
simples sospechas o por comentarios aislados, generados muchas por personas
rencorosas y frustradas que se sienten aliviadas hablando mal de los demás.
Somos los títeres perfectos para este tipo de enredos e historias sin argumentos.
Primeramente definamos algunos términos que debemos tener bien en claro:
De acuerdo al diccionario de la real academia de la lengua española, maledicencia
es la acción o hábito de hablar en perjuicio de alguien denigrándolo.
La calumnia es aquella acusación falsa hecha con el
propósito de causar daño.
El chisme se define como una noticia verdadera o falsa con
que se murmura o se pretende difamar a una persona o en muchos casos a una
institución.
La envidia es la tristeza causada en uno por el bienestar
de otro. Envidia es avinagrarse porque alguien la está pasando mejor que uno,
lo que sea que esto signifique: más dinero, fama, talento, etc.
La
maledicencia, la calumnia y el chisme son propios de sociedades poco
evolucionadas y es la falta de ética lo que nos hace ocuparnos más de la vida de
los demás que de la propia, tal es así que pareciera que el chisme se ha
convertido en el deporte favorito de muchos de nosotros. Hay gente que se pasa
horas hablando o murmurando de otras personas, y muchas veces sin darse cuenta del error que están cometiendo,
y lo peor es que ellos juran que no son chismosos. Otras veces el “error” es
premeditado.
Existen artistas consumados en desprestigiar y hablar mal de los demás,
y en hacer correr bolas contra quien les cae mal, sin considerar el daño que
causan a las reputaciones y a la honra de las gentes. También hay los que
chismean sin maldad aparente, sólo para sentirse importantes, (¿no sabes la
última?), y otros lo hacen maliciosamente, con la intención de causar daño a
alguien en particular; puede ser por rivalidad, celos, competencia, enemistad,
oposición, antagonismo, pugna, envidia, etc., todo ello empujado posiblemente
por un gran complejo de inferioridad.
Las verdades a medias
Se sabe que el rasgo principal del chisme es la mentira o la verdad
dicha a medias, siendo parte importante, el infundio y la calumnia, y si a esto
le añadimos que cada oyente, al momento de contárselo a otro, le agrega un poco
más de sal de su propia cosecha, nos encontramos con monstruosidades que suelen
acabar con el honor y la dignidad de una persona. Lo grave es que
increíblemente se usa el chisme contra personas consideradas amigas, actuando
con hipocresía y perfidia que nadie entiende.
Los seres humanos somos generalmente egoístas y nos centramos en nuestros
propios problemas, pero cuando se trata de encontrar defectos y hacérselos
saber a todo el mundo, ahí sí sabemos centrar la atención en los demás y dejar
nuestro yo de lado. Todos somos expertos en las vidas ajenas; si hasta hay
programas de televisión y personas que viven de eso.
¿Será que mientras nos ocupamos de hablar de los otros o de nuestros jefes
no nos queda tiempo para mirarnos a nosotros mismos? ¿Descargamos en los demás
nuestras propias frustraciones? ¿Hablamos de las carencias de éste o de aquél
para no tener que afrontar las propias? ¿Nos escondemos en la broma y en
sacarle filo a historias ajenas para no asumir nuestras propias incapacidades?
Cuando se genera un rumor, la bola va creciendo y cada persona por la que
pasa va añadiendo algo de su propia cosecha y el mensaje original se ha
convertido en algo irreconocible. ¿Se acuerdan del juego del teléfono
malogrado? Después de pasar por varias personas el recado estaba totalmente
tergiversado e irreconocible. Pues lo mismo pasa en muchas ocasiones en nuestra
vida.
El daño causado por la maledicencia es muy difícil de reparar. No siempre
nos damos cuenta del perjuicio. Se agravia, ofende y calumnia con un desparpajo
increíble, si preguntamos a un chismoso de donde ha sacado esas expresiones,
responderá: “lo escuché”, “me dijeron”, “se comentó en una conversación”, “me
lo contó un amigo”. En muchos casos la maledicencia se basa en afirmaciones sin
sentido, pero una vez que han sido pronunciadas causan un daño difícil de
reparar.
a
convertido en algo irreconocible. ¿Se acuerdan del juego del teléfono
malogrado? Después de pasar por varias personas el recado estaba totalmente
tergiversado e irreconocible. Pues lo mismo pasa en muchas ocasiones en nuestra
vida.
El ciclo del chisme
Los chismes son informaciones deformadas, que tienen un ciclo similar a los
rumores: nacen como si fueran seres vivos, se desarrollan y mueren. Incluso
pueden reencarnarse con nuevos bríos o hasta con nuevo cuerpo. El chisme es
producto de la convivencia social y se aprende con el tiempo, y todos de alguna
forma lo hemos practicado.
Un comentario infundado generalmente está constituido por una serie de
mentiras o exageraciones que tal vez lleguen a perjudicar a uno o varios
individuos, dependiendo de la intención de quien lo genera.
La estructura del chisme lo conforman: el chismoso, el receptor de la
habladuría y la víctima, de que se habla en forma negativa y sin fundamentos.
Esto puede ir desde una simple crítica hasta la invención de toda una historia
en torno a un sujeto determinado. O sea, se juega también a intentar cambiar la
realidad. Instituciones como la nuestra se convierten en verdaderos campos de
espionaje entre sus trabajadores, la inseguridad se intensifica, se pierde la
confianza entre los compañeros, se traicionan, se utilizan, compiten, se crean
ambientes en los que se siente que se camina entre vidrios.
El que murmura hace daño a tres personas, a él mismo, al que
escucha sin desmentir al hablante, y a la persona de quien se murmura. Si se
tiene algo que reprochar a alguien, él es la primera persona que debería
escuchar el reproche, pero lamentablemente por la falta de sinceridad que nos
caracteriza, el maldiciente se encuentra con el compañero, le sonríe y le
saluda con palabras amables y hasta le adula, para después, apenas despedido,
comenzar, de una manera u otra a hablar mal de él.
En los que se siente que se camina entre vidrios.
En el caso de la calumnia, ésta es considerada como un modo de
difamación que destruye a la persona afectada, no sólo por las heridas que
produce, sino por la dificultad de repararlas. Aunque a uno le importe poco la
opinión ajena, la calumnia abre las puertas a la duda. La calumnia tiene su
mejor cómplice en el “piensa mal” y hace tambalearse hasta las más firmes
convicciones acerca de la rectitud o la honradez de una persona, incluso una
vez aclarada la mentira. Se sabe de amistades a prueba de bombas que han
sucumbido al insidioso enredo de las maledicencias deliberadas; el veneno de la
calumnia ha roto parejas y ha desmembrado familias, igual que ha provocado
depresiones y sembrado discordias irreparables.

Antiguamente el honor y la honra eran los bienes más preciados de las
personas y su pérdida se consideraba irrecuperable, y cuando alguien ofendía el
honor y la honra de un individuo, esta ofensa se lavaba con sangre generalmente
en un duelo. En nuestros días estos conceptos pareciera que han quedado
anticuados y lo que ofrecemos a nuestros jóvenes es una sociedad en la que todo
se puede comprar y vender, donde prima la mediocridad y la falta de valores
morales.
Si queremos vivir una vida más significativa,
debemos buscar la forma de dejar de “interesarnos” en las vidas ajenas y
comenzar a preocuparnos más de nuestras propias vidas, es decir dedicarnos a
mejorar y a corregir nuestros defectos.
Debemos ser más sinceros cuando hablamos a las personas, y más tolerantes
cuando hablamos de ellos. Si vemos algo con lo que no estemos de acuerdo o
alguna cosa molesta en alguno (incluidos nuestros jefes), debemos ir
directamente a él y hablarle claramente demostrando nuestros argumentos.
¡Cuántos males, sufrimientos y rencores serían evitados si habláramos con
sinceridad!